es un proyecto residencial de 1.026,71 m² que se implanta estratégicamente en forma de “L”, adaptándose a la topografía del terreno e integrándose de manera natural con el entorno exterior. La propuesta arquitectónica se define por una volumetría dinámica, construida a partir de ángulos, planos inclinados y grandes volados sostenidos por estructuras en “V”, que aportan carácter y jerarquía a la composición. La lectura espacial interna se organiza en torno a espacios interconectados que priorizan la apertura, la continuidad visual y la relación permanente entre interior y exterior.
El diseño interior parte de un enfoque moderno y minimalista, donde los muros en obra limpia se convierten en protagonistas del lenguaje espacial. Las áreas sociales a doble altura y de concepto abierto permiten una lectura unificada de la casa, reforzada por un jardín interior y un espejo de agua ubicados en las zonas de permanencia. La paleta de materiales y colores fue cuidadosamente seleccionada para mantener coherencia entre ambientes: los tonos grises en distintas intensidades se combinan con la calidez de la madera natural, estableciendo un equilibrio entre sobriedad, funcionalidad y sofisticación. Cada espacio responde a un mismo lenguaje estético, buscando armonía sin renunciar a la expresión.
El recorrido exterior se concibió como una extensión paisajística de la arquitectura, aprovechando los desniveles del terreno para generar camineras, escalinatas y zonas de transición acompañadas por jardineras de diseño controlado. El acceso al nivel inferior conecta con un área social compuesta por cine, terraza techada tipo caney, parrillera y lounge, diseñada para el encuentro y el disfrute. La piscina con jacuzzi y tumbonas se convierte en un eje contemplativo, donde el espejo de agua articula visualmente la arquitectura con el paisaje natural circundante. Casa A-30 es un ejemplo de cómo el diseño bien planteado puede integrar forma, función y entorno en una experiencia residencial completa y atemporal.